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Voces Montessori

Cohesión Social a través de las Escuelas Montessori.

  • Foto del escritor: Eder Cuevas
    Eder Cuevas
  • 15 dic 2025
  • 4 Min. de lectura


Resulta paradójico que una filosofía educativa que promueve la paz y la comunidad, como lo es Montessori, carezca de un verdadero sentido de unidad entre las escuelas y organizaciones que la practican. Esta no solo es una realidad actual, sino que se encuentra presente en la evolución histórica del movimiento. ¿Conviene que siga así? ¿Qué toca hacer hoy?.

 

Honrando el legado.


Con el primer entrenamiento, que data de 1909, germinan las primeras escuelas que florecerían en los años venideros en distintos países, llegando a extenderse en todos los continentes en pocos años y coronándose con la creación de la Asociación Montessori Internacional en 1929. 


Muchas personalidades internacionales han sido afines al movimiento Montessori desde sus inicios: Alexander Graham Bell, Thomas Edison, Jean Piaget, Giovanni Gentile, Rabindranath Tagore, Sigmund Freud, embajadores y representantes de varios países, entre otros. Un ejemplo muy especial es Gandhi, quien en 1915 conoció sobre las escuelas Montessori en la India. Es significativo que él mismo haya mencionado discrepancias en lo que veía de las escuelas Montessori, al decir en 1931 frente a María Montessori y sus estudiantes: “No me costó nada darme cuenta de inmediato de que esa escuela no estaba aplicando el espíritu de su enseñanza; la letra estaba ahí, pero, aunque se estaba haciendo un esfuerzo honesto —más o menos honesto—, también vi que había mucho de apariencia en ello”.  


Históricamente se encuentra un gran desafío, honrar el legado Montessori viviendo los principios dentro y fuera de las aulas, en toda la escuela. Aquí está una de las esperanzas de la transformación social. Para ello, toda institución Montessori debería ser la primera en reflejar dicha misión, siendo comunidades vivas donde se fomente el desarrollo de la humanidad a través del autoconocimiento abrazando la tarea cósmica y evolucionando de la independencia a la interdependencia para lograr la armonía de vivir en comunidad. 


Montessori consideraba que la educación, y particularmente centrada en el niño, es el camino hacia una profunda reforma social. Para que este proceso ocurra se requiere que los adultos, las organizaciones y gobiernos renuncien a sus intereses inmediatos, dejando atrás al modelo tradicional que prioriza la estandarización e inmediates por encima del desarrollo humano. La escuela debe convertirse en un laboratorio de vida, un espacio de preparación para la sociedad en el que se fomente la autonomía, la observación y el aprendizaje significativo. Solo así podrá impulsarse una auténtica evolución de la humanidad. 



Comunidades Montessori.


“Caminaremos juntos en este camino de vida, porque todas las cosas que son parte del universo, y están conectadas unas con otras para formar una sola unidad”María Montessori


¿Por qué existe tan poca colaboración entre escuelas que comparten la misma filosofía? Una hipótesis sería que aún falta encarnar Montessori en las relaciones institucionales. Construir un ambiente preparado de empatía, respeto, paciencia, gracia y cortesía. Aquí está la gran tarea: ¿Cómo hacer que la filosofía Montessori se viva en cada aspecto de la escuela y entre las escuelas?


Julie Hasson tiene una frase que nos puede inspirar: “Las escuelas no podrán convertirse en los mejores lugares para que los estudiantes aprendan y crezcan, a menos que primero sean los mejores lugares para que los maestros aprendan y crezcan”. La transformación educativa requiere que las comunidades de maestros vivan también el proceso de autoconocimiento, crecimiento y reflexión que se propone para los alumnos. Esto no se enseña, se vive, se modela y así se inspira.Debemos provocar un cambio radical en nuestra forma de ver las relaciones humanas y entre las escuelas, esforzándonos por modelar e influir en el cambio que queremos ver, proporcionándoles nuevos ideales, luchando contra la indiferencia y la incomprensión; despertando en el espíritu humano un sentido de gratitud hacia los demás.


Frederic Laloux, en Reinventar las organizaciones, señala que “en ausencia de juicios, las relaciones adquieren una nueva calidad… podemos crear un espacio compartido a salvo de juicios, donde nuestra escucha profunda ayude a los demás a encontrar su voz y su verdad”.Este enfoque resuena con el espíritu Montessori, cuando compartimos vulnerabilidad y autenticidad surge la verdadera comunidad. Como diría Brené Brown, “lo que te hace vulnerable te hace hermoso”. Ser transparentes y comunicarnos desde lo que verdaderamente somos para impulsarnos a ser mejores. Si nos escondemos (aparentamos) no crecemos, si compartimos avanzamos.



De la reflexión a la acción


La cultura es algo que evoluciona quieras o no. Requiere de observar y actuar, generar un cambio consciente partiendo de una visión y estrategia definida. Aquí podemos valernos de pautas Montessori, aplicando los mismos principios, por ejemplo: 


  • Apoyarnos de los mayores (que instituciones consolidadas y solidarias apoyen a nuevas escuelas).

  • Compartir vulnerabilidades y errores. 

  • Intercambiar experiencias de éxito.

  • Construir proyectos en común (interinstitucionales y sociales).

  • Abrir puertas para observaciones y prácticas.

  • Crear espacios de formación afines.


La madurez de la escuela Montessori se pone en evidencia en la apertura de ideas, compartir experiencias, proyectos con otras organizaciones, crear y colaborar en programas sociales, entre otras muchas cosas. 


La cohesión se produce no cuando los miembros del grupo son más inteligentes, sino cuando reaccionan ante las señales claras y constantes de conexión segura. Esto requiere de un líder con humildad muscular (Daniel Coyle) que guie e inspiré en el proceso. 


Solo al vivir Montessori como una filosofía integral —en la escuela, en el hogar y en las relaciones entre instituciones— podremos construir comunidades verdaderamente unidas, solidarias y conscientes. Al final, la escuela Montessori no se trata de la perfección en el método, sino la conexión con la propia filosofía. Al comprender esto, podemos crecer juntos hacia el encuentro con cada niño, cada adolescente, cada adulto y cada organización … honrando el legado de María Montessori.


Eder Cuevas.

AMI Trainer for Montessori School Leaders

 
 
 

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